12 de diciembre de 2011

RTVV: ¿Para qué sirve una televisión pública?

El Consell está preparando un cambio en el modelo de gestión de RTVV. A la espera de ver el calado de ese cambio, dos cosas parecen claras: se producirá un ERE, que puede afectar a una parte considerable de la plantilla. Y, aunque probablemente se externalice la producción de todo lo que no se considere servicio público, se mantendrá la titularidad pública de RTVV y la producción desde la misma, al menos, de los contenidos informativos.

RTVV se ha convertido, a ojos de muchos, en el compendio de todo lo que ha funcionado mal en el modelo de crecimiento implantado por el PP en la Comunidad Valenciana desde que comenzó a gobernar, hace ahora más de quince años: despilfarro, contratación indiscriminada de personal, tendencia a utilizar los recursos públicos para colocar a personas ideológicamente afines... Y, por supuesto, y dada la naturaleza de esta empresa -un medio de comunicación- una vergonzosa manipulación informativa, que alcanzó su cénit con la ausencia de cobertura, por parte de la televisión pública autonómica, de la dimisión del presidente de la comunidad autónoma, Francesc Camps.


Todo esto es cierto, y lleva a muchos a preguntarse, incluso, por la razón de ser de RTVV. Son tantos los problemas que da, tan escasa la audiencia, que la solución más sencilla parece ser desembarazarse de ella, privatizándola (me permito sugerir: el Consell podría venderla por un euro, ya que se está especializando en la compraventa de empresas valencianas a ese precio; o intercambiársela a Jorge Martínez "Aspar" a cambio de Valmor) o liquidándola.

En mi opinión, y sin negar la gravedad de la situación de RTVV, ninguna de las dos es una buena opción. No conviene olvidar los motivos que justificaron la creación de RTVV hace más de veinte años, y que tienen poco que ver con el Nou Debat o con dar una imagen seráfica del president de la Generalitat. RTVV nace para vertebrar cultural y socialmente el territorio valenciano, promocionando sus tradiciones, su cultura y su lengua, e informando sobre noticias de interés público desde y para una óptica local.


Es verdad que los servicios informativos de la radio y la televisión públicas, aunque hayan mejorado sensiblemente en los últimos meses, siguen teniendo un sesgo favorable al Gobierno autonómico que en el pasado batía todos los récords de manipulación informativa. Pero la existencia de este problema no debería hacernos olvidar que es también RTVV el más potente medio audiovisual que existe en la Comunidad Valenciana, y también el único que abarca el conjunto del territorio. Y también es -y aquí tiene mucho que ver su carácter de medio público- el único que ofrece habitualmente información y contenidos relativos no sólo a las principales ciudades valencianas, sino también a los pequeños pueblos, algunos relativamente remotos, de los que nadie más habla.

Así, en un solo informativo de Notícies Nou puede encontrarse a veces información relativa a 25 localidades distintas de la Comunidad Valenciana; 20 de ellas, probablemente, nunca aparecerían en el informativo de un medio privado. Y no sólo por una cuestión de audiencia, sino, sobre todo, de medios: es demasiado caro tener personal dedicado a desplazarse a esas localidades, grabar la información, editarla e integrarla en el informativo, y mucho más cómodo limitarse sólo a los principales focos de actualidad.

Por ejemplo: hace algunas semanas (22-23 de octubre, justo antes del comienzo de la campaña electoral), el informativo Notícies Nou del fin de semana desarrolló un reportaje sobre las escuelas rurales de la Comunitat Valenciana. El reportaje implicaba grabar imágenes en seis pueblos distintos, lo que supuso una inversión temporal de unas diez horas en desplazamiento y grabación, más otras seis en preproducción del reportaje y edición de las imágenes: en total, 16 horas de trabajo de tres personas (periodista, cámara y editor/montador) para obtener cinco minutos de reportaje, emitido en dos piezas a lo largo del fin de semana.

Como es obvio, es casi imposible rentabilizar económicamente un trabajo de estas características; incluso hay quien lo consideraría un derroche. Sin embargo, su utilidad social, como herramienta de vertebración y de cobertura informativa, es indudable. La cuestión es que los medios públicos deberían servir, justamente, para hacer aquellas cosas que las privadas no hacen, porque no son rentables, o no dan suficiente audiencia.

El problema es, como ocurre en RTVV, que el modelo económico no hace aguas por causa de este tipo de iniciativas, sino por excesos totalmente injustificables y con motivación política. Razón de más para intentar que el cambio de modelo no se lleve por delante el tipo de contenidos que sí que justifican la existencia de los medios públicos. Incluso aunque no sean rentables. Es más: precisamente porque, como no son rentables, sólo pueden hacerse ahí.


En septiembre de este año, el programa Nou Debat comenzaba su nueva temporada. Junto al intento por abrir (algo) el campo a contertulios valencianos y de darle una composición algo más plural al debate (aunque siga sin verlo nadie: continúa cosechando una audiencia en torno al 1%), llamó la atención el rutilante fichaje de Miguel Ángel Rodríguez, especialista en comunicación y asesor aúlico y primer portavoz del Gobierno de Aznar.

Dos meses antes, en julio de 2011, Miguel Ángel Rodríguez pasó a formar parte del Consejo de Administración de Secuoya Grupo de Comunicación, una de las principales productoras audiovisuales de España. Poco antes, en junio de 2011, Secuoya salía a bolsa, como forma de obtener financiación para optar a los esperados concursos de externalización de servicios en las televisiones autonómicas. Contratos obviamente muy jugosos para cualquier productora, puesto que implican dotar de programación, durante meses o años, a horas y horas de la parrilla de los medios públicos.

La aparición de Miguel Ángel Rodríguez en RTVV, por tanto, puede tener una lectura más profunda que su simple participación en una tertulia: avanzar el proceso de negociaciones entre el Consell y una de las grandes productoras españolas para que ésta se hiciera cargo de parte de la programación de la televisión pública valenciana en un futuro próximo.

El pasado fin de semana, la APM lanzó a través de su cuenta de Twitter una campaña, con el hashtag #gratisnotrabajo, haciéndose eco de la denuncia de la periodista Azahara Cano, que había recibido una "oferta" de una empresa de bodas, bautizos y comuniones, para escribir artículos de 800 caracteres... A razón de 0,75 € por artículo.

Incluso aunque convengamos que 800 caracteres es una extensión que se corresponde con un artículo breve (un par de párrafo), para conseguir un sueldo mensual de 750 € sería necesario escribir 1.000 artículos (unos 42 artículos por día laborable). Trasladado a caracteres, implica 800.000 caracteres al mes (el equivalente a un libro de unas 500 páginas).

El ejemplo habla por sí solo de hasta dónde está llegando la degradación de las condiciones laborales de los periodistas, que a menudo (como se podía ver en muchos otros ejemplos sacados a la luz por la Asociación de la Prensa de Madrid) desembocan en la pretensión, por parte de la empresa, de que el periodista trabaje gratis, "a cambio" de la experiencia profesional y la supuesta visibilidad que la empresa confiere al trabajador.


Guillermo García López

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