1 de octubre de 2011

Intermón Oxfam advierte de que la actual compra masiva de tierra está sumiendo a miles de personas en la pobreza

La ONG urge a una compañía británica a investigar la expulsión por la fuerza de más de 20.000 personas en Uganda para dejar espacio a sus plantaciones

 
Oxfam, Intermón Oxfam en España, publica hoy un nuevo informe en el que subraya la velocidad, cada vez mayor, a la que se llevan a cabo acuerdos sobre transacciones de tierra y que a menudo pone en un mayor peligro a las comunidades más pobres, quienes pierden – en ocasiones de forma violenta – sus casas y sus medios de vida sin haber sido previamente consultados, sin posibilidades de compensación o medios que les permitan reclamar sus tierras.

En el informe "Tierra y poder", se revelan datos preliminares que indican que, desde el año 2001, hasta 227 millones de hectáreas – una superficie que equivaldría a la de toda Europa Occidental - han sido puestas en venta, arrendadas o se han concedido licencias para su explotación mediante acuerdos a gran escala por parte, principalmente, de inversores internacionales. Aunque la falta de transparencia y el secretismo en torno a estos acuerdos sobre transacciones de tierra hacen que recabar datos resulte de gran dificultad, hasta la fecha se han verificado más de 1.100 acuerdos en torno a un total de 67 millones de hectáreas. La mitad de estos acuerdos tienen lugar en África y afectan a un área equivalente al tamaño de Alemania (1).

Oxfam advierte de que la actual compra masiva de tierra obedece a un interés por producir comida suficiente para personas en otros continentes, por cumplir con los perjudiciales objetivos de biocombustibles o por especular con la tierra y conseguir beneficios fácilmente. En realidad, muchos de estos acuerdos forman parte de un fenómeno conocido como acaparamiento de tierras, en el que los derechos o las necesidades de las personas que viven en dicha tierra son ignorados, dejándoles sin hogar y sin tierras en las que cultivar alimentos suficientes para comer o ganarse la vida.

Y parece que esto solo empeorará a medida que aumenta la demanda de alimentos, el avance del cambio climático, la escasez de agua y la competitividad por el uso de la tierra para cultivos destinados a biocombustibles y no a alimentos. Ya casi 3.000 millones de personas viven en zonas donde la demanda de agua es mucho mayor que la capacidad de suministro.

 
La directora general de Intermón Oxfam, Ariane Arpa, afirma: “La velocidad sin precedentes a la que se llevan a cabo estos acuerdos y la cada vez mayor competencia por la tierra está empeorando la situación de algunas de las personas más pobres del mundo. En la lucha por la tierra, los inversores ignoran a aquellas personas que ya viven en esa tierra y de la cual dependen para sobrevivir.”

El informe de Oxfam pone de manifiesto el devastador efecto que el acaparamiento de tierras tiene en las comunidades más vulnerables de Uganda, Sudán del Sur, Indonesia, Honduras y Guatemala. El informe está enmarcado dentro de la campaña CRECE de Oxfam, que pretende asegurar un futuro en el que todas las personas del mundo tengan suficiente que comer. Las mujeres, quienes producen hasta el 80% de los alimentos en algunos de los países más pobres, son normalmente las más vulnerables, ya que sus derechos sobre la tierra son aún más débiles.

Según el informe de Oxfam, en Uganda al menos 22.500 personas han perdido sus hogares y sus tierras para hacer espacio a la empresa británica maderera New Forests Company (NFC). Muchas de las personas desalojadas contaron a Oxfam cómo les echaron a la fuerza y les abandonaron en la más absoluta miseria, sin alimentos o dinero suficiente para seguir enviando a sus hijos a la escuela. Existen órdenes judiciales en vigor que citan a la empresa pero testigos presenciales afirman que trabajadores de la misma tomaron parte en alguno de los desalojos. NFC niega estar involucrada en ningún desalojo (2).

Christine, una agricultora de unos cuarenta años que vivía en el distrito de Kiboga antes de que tuviera lugar este caso de acaparamiento de tierras en Uganda, afirma: “Todas nuestras plantaciones fueron destruidas. Perdimos el cultivo de banana y de yuca. Perdimos todo lo que teníamos. Los trabajadores temporales de la empresa nos atacaron, golpeando y amenazando a las personas. Incluso ahora no nos dejan volver para recoger las cosas que tuvimos que dejar atrás. Me amenazaron. Me dijeron que si no me marchaba me darían una paliza.”

Arpa afirma: “El caso de Uganda muestra claramente cómo los casos de acaparamiento de tierras se cuelan entre la red de salvaguardas existentes que pretenden garantizar la protección de las personas más vulnerables. Miles de personas están sufriendo porque se les ha echado de sus casas sin haber sido consultadas o sin haber recibido ningún tipo de compensación.”

“New Forests Company se describe a sí misma como una empresa ética, que respeta los estándares internacionales. Por ello debe investigar urgentemente estas actuaciones. No es aceptable que las empresas culpen a los gobiernos. Deben respetar las necesidades y los derechos de las comunidades pobres perjudicadas por sus inversiones.”

 
Oxfam hace un llamamiento a inversores, gobiernos y organizaciones internacionales a dar prioridad a acabar con el acaparamiento de tierras, revisando y enmendando las políticas y regulaciones actuales que a menudo fracasan a la hora de garantizar que las personas sean consultadas y tratadas de forma justa cuando los inversores negocian sus acuerdos, y a respetar todos los estándares internacionales relevantes, como los estándares para la actuación de la Corporación Financiera Internacional o del Consejo de Administración Forestal.

 
Los gobiernos deberían evitar sucumbir a los deseos de los inversores y dar prioridad a derechos ya existentes para el uso de la tierra - no solo cuando haya títulos de propiedad legales o formales. Los gobiernos deberían reconocer que las mujeres tienen los mismos derechos sobre la tierra, así como garantizar que todas las inversiones agrícolas beneficien a las comunidades locales que dependen de la tierra para sobrevivir. Mientras los gobiernos y las empresas actúan a nivel interno para acabar con el acaparamiento de tierras, existe además la necesidad urgente de remediar el daño causado por los casos existentes de acaparamiento de tierras, como en el caso de Uganda.

 
Iniciativas perjudiciales como las metas de consumo de biocombustibles (como en el caso de la UE, que pretende que para el año 2020 el 10 por ciento del combustible para transporte provenga de fuentes renovables) deberían ser abandonadas para poner freno a la guerra por el uso de la tierra para satisfacer la demanda de biocombustible.

Mientras tanto, el Comité de Seguridad Alimentaria de Naciones Unidas puede dar un importante paso cuando se reúna el próximo mes en Roma, adoptando directrices creíbles sobre la tenencia de tierras a favor de los más pobres y las mujeres.

Arpa señala: “Las inversiones deberían ser buenas noticias para las personas pobres pero la lucha frenética por la tierra corre el peligro de revertir el desarrollo. Necesitamos tomar acciones a nivel mundial para que algunas personas no pierdan lo poco que tienen por el beneficio de unos pocos, y así asegurar un futuro en el que todos tengamos que comer.”

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