31 de octubre de 2010

Alicante versus Gomorra

Ángel Luna, portavoz socialista en las Cortes Valencianas, ha calificado de "asociación delictiva" la connivencia entre políticos y empresarios que ha quedado al descubierto en la provincia de Alicante a raíz del escándalo del caso Brugal. Y no son pocos los que ven en los hechos que vienen conociéndose una traslación de los métodos mafiosos del sur de Italia a la Comunidad Valenciana. Es una exageración. Las prácticas mafiosas comportan una violencia extrema que aquí no se da (vale recordar, sin embargo, que en Polop se asesinó a un alcalde porque, según todos los indicios, no se plegó a las exigencias de grupos de presión para que recalificara determinados terrenos). Claro que toda exageración contiene elementos de verosimilitud. Repasemos Gomorra, la obra del periodista Roberto Saviano en la que pone al descubierto el funcionamiento de la Camorra napolitana y que ha puesto su vida en peligro.

¿Qué es la Camorra? Un sistema, una estructura económica, financiera y operativa compuesta por empresarios y jefes de clanes en la que están implicados políticos. Una organización que se ocupa de negocios muy diversos. Entre otros la especulación urbanística y el reciclaje de residuos. ¿Les suena? Saviano, en unas declaraciones sobre la mafia siciliana dijo: "Hubo un tiempo en que los miembros de la mafia necesitaban a los políticos para hacer contratos. Ahora, los políticos necesitan a los mafiosos para obtener votos". ¿Recuerdan que Ángel Fenoll ha sido condenado por la compra de votos y que en las grabaciones del caso Brugal se le escucha decir con claridad qué personas deben de ir en las candidaturas del PP?

De más está decir que Alicante no es la Campania y que La Vega Baja no es Caserta, aunque en esta zona de Italia los mafiosos gusten de definirse como empresarios. No hay comparación. Pero sí elementos comunes que deberían hacer reflexionar a los responsables del PP antes de lanzarse inconscientemente a poner en tela de juicio la labor de policías, fiscales, jueces y periodistas. El descrédito que los dirigentes populares arrojan sobre quienes cuestionan el sistema sobre el que operan, basado en el populismo, la demagogia y la pérdida de calidad democrática, ha "berlusconizado" la sociedad valenciana, insensibilizándola, aunque sea al coste de postular que todos los políticos, en mayor o menor grado, están inmersos en la corrupción, como se encargó de pregonar el presidente de la Diputación de Alicante, José Joaquín Ripoll, cuando recordó la evangélica frase de que "quien esté libre de pecado que tire la primera piedra". Un cinismo que solo el mismo Ripoll fue capaz de superar al afirmar que "los políticos somos gente honrada". La "berlusconización" promovida por el PP ha contaminado todos los estamentos sociales desde los empresarios a los medios de comunicación. Ha enfermado a una sociedad que, abrumada por la crisis económica, es incapaz de reaccionar ante el expolio que se produce ante sus propios ojos

Los escándalos políticos y económicos que atraviesan la Comunidad Valenciana de norte a sur, y que afectan a todo el núcleo dirigente del PP, empiezan a hacer necesaria una refundación de este partido, subido a la cresta de las encuestas, pero con averías notabilísimas en su puente de mando, donde Francisco Camps, atrapado en sus propios fantasmas, es incapaz de tomar decisiones, convirtiéndose en responsable, aunque sea "in vigilando", de cuanto ocurre en el partido que nominalmente dirige.

La ausencia de respuestas políticas a los escándalos revela el autismo de unos dirigentes cada vez más enredados en sus "casos". La comparecencia de la alcaldesa de Alicante para atajar las consecuencias del caso Brugal es sintomática de cuán improvisada estaba. Sonia Castedo, además de exhibir facturas hechas a mano (por lo visto los ordenadores se desconocían en Marsans el año pasado), debería explicar por qué tuvo que ser un mandado del empresario Enrique Ortiz el que le encargaba las reservas de sus vacaciones, y no su secretaria o su marido o ella misma. Ripoll debería responder si es verdad que un empresario, con notables concesiones públicas, le pagaba las facturas a su señora en Loewe. Y los guardias civiles del Seprona que recibían los obsequios de Fenoll contar el porqué de tanta munificencia por parte de un industrial cuyas instalaciones debían controlar. La lista es más larga, pero basta con una muestra de las incongruencias de unos políticos, cuya ética y estética está lejos de los mínimos exigibles en un cargo público.

La parálisis social no es solo un mérito del PP. Los socialistas también contribuyen lo suyo. La batalla diaria de su portavoz en las Cortes Valencianas no se completa con un discurso político de largo alcance. El secretario general del PSPV, Jorge Alarte, no acaba de dar con la tecla que le permita salir de la invisibilidad a la que está sometido. Una invisibilidad a la que contribuye con la ausencia de un discurso político poderoso, de tan entretenido como está en las cuitas internas de su partido. Alarte no ha entendido que sin un mensaje claro y potente, nunca apaciguará las peleas internas por más concesiones que haga. El pasado del PSPV ilustra mucho sobre pactos y traiciones. Y esta es la hora en que no sabemos casi nada de lo que piensa el dirigente de los socialistas valencianos sobre las grandes cuestiones nacionales. En Ferraz ni está, ni se le espera

Concluyo, Alicante no es Gomorra. Pero la insensatez de unos (con la nada despreciable colaboración de su jefe de filas, Mariano Rajoy) y la ausencia de los otros, puede que lo acaben consiguiendo.


JOSEP TORRENT

Artículo publicado hoy en el diario "El País":

0 comentarios :

Publicar un comentario

No serán admitidos comentarios ofensivos. Puedes opinar con libertad, pero sin faltar al respeto.